El pasado 15 de mayo, el papa Francisco canonizada en Roma, junto a otros beatos, a Carlos de Foucauld (1858-1916), el sacerdote francés que acabó sus días en una experiencia monacal en el desierto argelino entre los tuaregs. Allí reposan sus restos y su custodio es el sacerdote y misionero valenciano Jesús Cervera.
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El cuerpo del conocido como “hermano universal” se encuentra en El Golea (El Meniáa), el comentario cristiano más cercano a Tamanrasset –uno de los lugares donde resposaron los restos de Carlos de Foucauld– aunque está a la friolera de 1.000 kilómetros. Cervera es el párroco del entorno desde que en 2019 fue enviado como misionero por el arzobispo de Valencia. “No hay fieles cristianos de allí, puesto que es una zona cien por cien musulmana, y los únicos que hay son extranjeros”, relata a la Agencia Avan.
La puerta abierta
“Aquí no somos nadie y nuestra misión es ser testigos de las cosas buenas que hace Dios, del Evangelio de la amistad”, señala Cervera en sintonía con la expiritualidad y la misión de Foucauld. “Cuando vivía en los tuaregs el hermano Carlos escribió: ‘mi vida transcurre rezando al buen Dios y recibiendo a los vecinos que vienen a mi puerta’ y ésta es nuestra misión vivir el evangelio de la amistad”, ha declarado. “La puerta de mi casa siempre está abierta, y no de una forma metafórica, además hago muchas visitas a las personas con las que he entablado amistad y relación”, también a los enfermos, entrega alimentos a las familias necesitadas o visita a los presos.
En Golea se ha organizado una vigilia de oración y la misa de acción de gracias con motivo de la canonización y un grupo ha viajado hasta Roma. Ahora solo esperan que la pandemia pase y vuelvan los peregrinos que contarán con la acogida de este cura español.