La Iglesia argentina pide recomenzar con esperanza el nuevo ciclo escolar

Los obispos apuestan por una educación personalizada, construida desde el diálogo y la confianza, con un horizonte de sentido

La Iglesia argentina pide recomenzar con esperanza el nuevo ciclo escolar

Ante el inminente inicio del ciclo lectivo, la Comisión Episcopal de Educación Católica del episcopado argentino, compartió un mensaje, con un claro tinte jubilar: “Recomenzar… ¡la esperanza vence al miedo!”



“Nuestra tarea, es decir, nuestra propia misión de educadores, nos impulsa a retomar recomenzando. Y no se puede recomenzar sin esperanza. Así, la esperanza infunde pasión por lo nuevo, nos moviliza a la acción”. De esta manera iniciaban los obispos de esta Comisión su mensaje dirigido a la comunidad educativa. Con respecto a esta acción se preguntan hacia dónde dirigirla, porque sin horizonte de sentido es imposible que los proyectos educativos puedan movilizar fuerzas de cambio, innovación y solidaridad.

Transmitir la vida

Recordaron las palabras del papa Francisco, quien en ‘Spes non confundit’ nro. 9, propone mirar el futuro con esperanza para tener una visión de la vida llena de esperanza para compartir. Sin embargo, se constata con tristeza que en muchas situaciones falta esta perspectiva. Esto se ve en la pérdida del deseo de transmitir la vida.

Justamente, esta es la tarea es la que sostienen los educadores, y se preguntan: “¿Qué vida queremos cuidar, qué sentido vital queremos transmitir? ¿Cómo se manifiesta en nosotros ese amor por la vida de manera que nos permita recomenzar este nuevo período escolar?”.

También referenciaron la Bula del Papa para especificar la necesidad de recuperar la alegría de vivir porque no se puede sobrevivir o subsistir mediocremente, dejándose satisfacer por realidades materiales porque eso lleva al individualismo y corroe la esperanza, generando tristeza y volviéndose desagradables e intolerantes.

Mayor enemigo: el miedo

Los obispos del organismo episcopal creen que el principal enemigo de la esperanza es el miedo y su consecuente carga de pérdida de sentido. Un miedo difundido y disperso en diversas formas: incertidumbre, repliegue y ensimismamiento, pérdida de la confianza. Sin embargo, la experiencia personal, social, comunitaria, eclesial, les permite aseverar que “ninguna comunidad se construye desde el miedo”.

Afirmaron que las comunidades educativas han crecido desde el impulso de esa esperanza evangélica que ha puesto su confianza en el Otro. En esa apertura trascendente también han reconocido que la confianza en los demás es intrínseca a su existencia, esta fórmula sencilla: “confiar en” abre puertas donde pareciera que no las hay.

Los obispos citaron a Byung-Chul Han, quien en “El espíritu de la esperanza”, afirma que quien tiene esperanza está en camino hacia el otro y confía en algo que lo trasciende, afirmando lo dicho por Gabriel Marcel, quien resalta que la dimensión de la esperanza se trasciende en un nosotros.

Convicción pedagógica

Los prelados afirman que aquí se abre la convicción pedagógica que apuesta por una educación personalizada, basada en la confianza, construida en el diálogo, madurada en la búsqueda de una sana interdependencia. “¿Qué comunidad educativa ha crecido salvándose sola, ensimismada y aislada de la realidad?”, se cuestionan.

“Anhelamos que nuestra tarea tenga sentido, que apostar siempre por la educación tenga sentido. Que permanezca en nosotros la convicción y el impulso que nos da la esperanza… que solo es posible cuando se aceptan nuestras fragilidades” (zozobra, inquietud, desánimo).

Son conscientes de que en lo cotidiano se presentan heridas, conflictos, incomprensiones, y el presente no siempre es claro, seguro, amigable, y los contextos son adversos: la desigualdad de oportunidades, la precariedad de las estructuras escolares, la falta de reconocimiento social, “pueden, no sin poca razón, tentarnos a bajar los brazos”. Aun así, no quieren dejar de atreverse a soñar. Apuestan por la esperanza que no deja a nadie sin futuro, que busca y encuentra caminos creativamente, que sigue creyendo en que una comunidad un nosotros sigue siendo posible.

Para concluir, tomaron palabras que el Papa expresó en la Bula de convocatoria al Jubileo: “… necesitamos que “sobreabunde la esperanza” (cf. Rm 15,13) para testimoniar de manera creíble y atrayente la fe y el amor que llevamos en el corazón”; para que “cada uno sea capaz de dar aunque sea una sonrisa, un gesto de amistad, una mirada fraterna, una escucha sincera, un servicio gratuito, sabiendo que, en el Espíritu de Jesús, esto puede convertirse en una semilla fecunda de esperanza para quien lo recibe.

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