El consejo de Francisco al Jubileo de los diáconos: “Acompañad siempre vuestra misión con una sonrisa”

  • Rino Fisichella, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, ha leído la homilía preparada por Francisco
  • El Pontífice no ha podido asistir a la celebración debido a su hospitalización en el Policlínico Gemelli de Roma

El consejo de Francisco al Jubileo de los diáconos: “Acompañad siempre vuestra misión con una

La misa del Jubileo de los Diáconos se ha celebrado, como estaba previsto, este domingo, 23 de febrero. Lo ha hecho, eso sí, sin la presencia del papa Francisco, ingresado en el Policlínico Agostino Gemelli desde hace más de una semana con una neumonía bilateral.



Sin embargo, su ausencia física no ha impedido que sus palabras llegasen a la eucaristía, celebrada en la basílica de San Pedro, a través de la homilía leída a los presentes por Rino Fisichella, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización. En ella, el Papa reflexiona acerca de la palabra gratuidad y su vinculación con el ministerio del diácono, en particular bajo tres aspectos: el perdón, el servicio desinteresado y la comunión.

“La proclamación del perdón es una tarea esencial del diácono”, ha dicho Fisichella, en palabras del Papa. “Un mundo donde sólo hay odio hacia los adversarios es un mundo sin esperanza, sin futuro, destinado a ser desgarrado por guerras, divisiones y venganzas sin fin, como lamentablemente vemos también hoy, a muchos niveles y en diversas partes del mundo”. Perdonar, entonces, “significa preparar un hogar acogedor y seguro para el futuro, dentro de nosotros mismos y en nuestras comunidades”.

Diaconos

Jubileo de los diáconos

Dimensión sustancial del ser

En este sentido, “el diácono, personalmente investido de un ministerio que lo lleva a las periferias del mundo, se compromete a ver –y a enseñar a ver– en todos, incluso en aquellos que se equivocan y hacen sufrir, a una hermana y a un hermano heridos en el alma y, por tanto, más necesitados que nadie de reconciliación, de guía y de ayuda”.

En cuanto al servicio desinteresado, “el Señor, en el Evangelio, lo describe con una frase tan sencilla como clara: Haced el bien y prestad, sin esperar nada a cambio”. Unas palabras que “llevan dentro el buen olor de la amistad. Para el diácono, esta actitud no es un aspecto accesorio de su actuar, sino una dimensión sustancial de su ser”.

“Hermanos diáconos, el trabajo gratuito que realizáis, pues, como expresión de vuestra consagración a la caridad de Cristo, es para vosotros el primer anuncio de la Palabra, fuente de confianza y de alegría para cuantos os encuentran”, ha señalado Fisichella. “Acompañarlo lo más posible con la sonrisa, sin quejas y sin buscar reconocimiento”.

“Y llegamos al último punto: la gratuidad como fuente de comunión. Dar sin pedir nada a cambio une, crea vínculos, porque expresa y alimenta un ser conjunto que no tiene otro fin que el don de sí mismo y el bien de las personas”, concluye. “Así, vuestra misión, que os lleva desde la sociedad para volver a entrar en ella y hacer de ella un lugar cada vez más acogedor y abierto a todos, es una de las expresiones más bellas de una Iglesia sinodal y en salida”.

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