El 25 de marzo es la solemnidad de la Anunciación del Señor, el misterio que da nombre al Instituto Verbo Encarnado (IVE) y por ello su delegado pontificio, el obispo de Teruel y Albarracín José Antonio Satué ha llega llegar a sus miembros una carta de apoyo especialmente “a quienes están sufriendo”. Agradecido por la acogida en los últimos dos meses y medio que lleva en el cargo quiere “ir intensificando un trabajo sinodal, para escuchar juntos al Espíritu y tomar las decisiones que en cada momento sirvan para el bien de la Iglesia y del Instituto”.
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Continuas resistencias
Alabando el bien hecho por el IVE, denuncia que también hay “fuertes resistencias para admitir algo obvio: el Instituto del Verbo Encarnado, como cualquier institución eclesial y como la misma Iglesia –‘semper reformanda’–, ha de reconocer el daño producido por algunos de sus miembros y ciertas dinámicas –internas y externas– que no transparentan el estilo de Jesucristo”. “Sólo con una actitud de sincera conversión, podremos avanzar”, reitera.
“En no pocos momentos he tenido la sensación de que el amor al Instituto es tan grande, que no les permite reconocer elementos concretos en los que se evidencia la necesidad de una reforma”, confiesa Satué. Y reclama: “Les pido que lo amen más y mejor, con los ojos más abiertos, para identificar tanto el bien como el mal; pues sería una pena que por la resistencia a reconocer los errores, se eche a perder el gran bien realizado”.