13/09/2019 | Xabier Pikaza
La conocida parábola del hijo pródigo es el germen de la Iglesia con y para pródigos (hijos menores) querida por Dios, aunque los “grandes” (los mayores) se crean dueños de la casa e insistan en controlarla. Porque la Iglesia que viene será de los pródigos o ya no será de Jesús