Cada día nos comemos un plato de indecencia que Trump y otros enemigos del mundo arrojan a la mesa de la Casa común. Para desayunar, se alaba a los dictadores más carniceros; para comer, acusa a los obispos católicos de apoyar a los migrantes para cobrar subvenciones; y para cenar, ponen los medios del imperio para que la ultraderecha gane elecciones. ¿Cómo podemos estar soportando esto? Pues porque antes ya nos habíamos hecho a soportar muchas otras cosas muy destructivas.
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Ya nos habíamos hecho a soportar una desigualdad creciente y obscena entre países y dentro de cada sociedad. El 60% de la riqueza de los milmillonarios es heredada, o extraída de operaciones corruptas, clientelistas o monopólicas. Es una vergüenza. La soportamos. La desigualdad sigue creciendo en todo el planeta y solo el 8% de la población vive en países con un nivel de desigualdad bajo. Uno de cada tres trabajadores carece del más básico derecho laboral. Los pases VIP, los ‘premium’ y los accesos ‘prime’ han sido una penetrante pedagogía de la desigualdad.
Soportamos sumisos el peor clericalismo y los abusos. Asumimos acríticamente un modelo competitivo y los perversos ránkings de colegios y universidades. Hemos tirado por la borda el modelo europeo de ciencia y pensamiento. Ya antes del trumpismo, aceptamos soportar una cultura superficializada, best sellers y literatura basura, el discurso del “si quieres, puedes”, la dolarización del arte y la macdonalización de la diversidad, el consumismo que todo lo relativiza y mercantiliza, compramos la obsesión por la identidad. Se importa la peor versión integrista del cristianismo, nos hemos entregado a la violencia y adictividad de las redes, etc.
Hemos sido programados para soportarlo todo porque, de lo contrario, nos quitarían el plato de comida en la caseta del perro. ¿Qué debe significar entonces este Jubileo 2025 de la Esperanza?