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¿Sigue la “guerra de cartas” del cardenal Cipriani?


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La última carta

El cardenal arzobispo emérito de Lima, Juan Luis Cipriani, ha escrito el pasado 28 de marzo, una vez más, a la Conferencia Episcopal Peruana, desde la residencia en la que vive en Madrid. Insiste en que en un comunicado los obispos afirman “de manera falsa” que se la hayan impuesto “algunas medidas disciplinarias”, sino que fueron simplemente unas normas preventivas durante su proceso del que no ha habido juicio ni nada similar.



Dichas medidas responderían a varias denuncias de abusos del primer cardenal del Opus Dei. La primera de esas denuncias, sobre uno hecho ocurrido en 1983 durante una confesión. Habría llegado al Papa directamente a través de los periodistas que denunciaron todo el entramado del Sodalicio de Vida Cristiana ante los miedos del denunciante, algo que finalmente haría a través de Juan Carlos Cruz, víctima del sacerdote depredador chileno Fernando Karadima. Esto haría que se crease una comisión investigadora que recibiría algunas denuncias posteriores. Por cierto, la película sobre Karadima –que se encuentra fácilmente en internet– hizo que el denunciante inicial, hoy con 58 años y cuyo testimonio aparece en El País, se plantara la cuestión de los abusos y empezara un proceso canónico al haber prescrito según las leyes peruanas. El premio público en enero a Cipriani en Lima provocó la oportunidad de que todo esto se hiciera público.

Ahora, en su última carta, Cipriani se enreda en el Derecho Canónico, los 75 años y denuncia “una fundamentación jurídica muy extraña”. Y ante sus hermanos obispos reitera: “puedo afirmar que realmente no hay absolutamente nada, salvo la carta de origen desconocido, el documento reservado y una evidente campaña mediática por menoscabar mi fama y mi labor de décadas en favor de la Iglesia y nuestro país”. A esto añade su decepción por el hecho de que el episcopado no hubiera rectificado su comunicado.

El cardenal Juan Luis Cipriani

El cardenal Juan Luis Cipriani

Los comunicados

Lo de Cipriani ve definitvamente la luz pública en enero con un reportaje firmado en el diario El País por su corresponsal en Roma –y antiguo líder del equipo de investigación de los abusos eclesiales–, Íñigo Domínguez. En él se informaba de que “el primer cardenal del Opus Dei, arzobispo de Lima, fue apartado por el Papa en 2019 tras acusaciones de pederastia”. Además, precisaba que “Francisco forzó el retiro de Juan Luis Cipriani y le castigó a exiliarse de Perú y no vestir hábitos cardenalicios”. “Este mes, no obstante, ha regresado para recibir una medalla al mérito. La Obra conoció la denuncia en 1983, pero la ignoró 35 años”, precisaba el corresponsal Domínguez.

En seguida el cardenal latinoamericano afincado en Madrid ratificaba en una carta: “no he cometido ningún delito ni he abusado sexualmente de nadie”. Y explicaba que “el 4 de febrero de 2020 tuve una audiencia con el papa Francisco, y el Santo Padre me permitió reanudar mis tareas pastorales”. “Así lo demuestra mi amplia actividad pastoral realizada durante estos años, predicación de retiros espirituales, administración de sacramentos, etc.”, añadía.

El 27 de enero, el Vaticano tuvo que confirmar que las sanciones impuestas por la Santa Sede al Cipriani vinculadas a las acusaciones presentadas contra él en 2018 por abusos siguen siendo “válidas y vigentes”. Una respuesta a la primera carta del primer purpurado perteneciente al Opus tras la publicación de un reportaje en El País. Fue el director de la Oficina de Prensa del Vaticano, Matteo Bruni, el encargado de confirmar que al cardenal “se le impuso un precepto penal con ciertas medidas disciplinarias relativas a su actividad pública, lugar de residencia y uso de insignias” después de que se aceptara su dimisión como arzobispo de Lima en 2019. Una de esas fue “la obligación de abandonar su país de origen”. El hecho de que lo haga el portavoz y no unas anónimas “fuentes vaticanas” dan fuerza al caso.

Bruni remarcaba entonces que Cipriani firmó y aceptó la medida adoptada. Y respondiendo directamente a la carta del cardenal precisó que “y aunque en ocasiones puntuales se concedieron ciertos permisos para atender peticiones debidas a la edad y situación familiar del cardenal, en la actualidad, este precepto sigue vigente”.

Los obispos de Perú, en plena crisis por el Sodalicio, también salían al paso y el actual cardenal arzobispo de Lima, Carlos Castillo, aplaudió la “enorme y esforzada labor” de la Santa Sede y del papa Francisco para “prevenir, investigar y sancionar los delitos de abuso de conciencia, espiritual, sexual y de poder dentro de la Iglesia”. Además, respaldaba con “plena confianza” los procedimientos e instrumentos canónicos penales que la Santa Sede “ha utilizado, utiliza y aplica, los cuales han venido evolucionando y mejorando sostenidamente”.

Reafirmo mi decidido e irreversible apoyo, colaboración y solidaridad con el santo Padre, apreciando su sabio modo de ejercer la justicia en la Iglesia y de acoger y proteger a las víctimas”, sentenció Castillo. “Lo declarado oficialmente por la Santa Sede, hace unos días, nos remite, ante todo, al inmenso dolor y al sufrimiento que experimentan las víctimas de todo tipo de abuso dentro de nuestra Iglesia y en la sociedad”, expone el arzobispo sin citar en ningún momento de la carta a Cipriani. El actual cardenal de Perú entonaba un ‘mea culpa’, al manifestar que el sufrimiento de los supervivientes “desgarra nuestro espíritu, nos interpela profundamente y nos compromete solidariamente con ellas”, como publicamos aquí.

A esto también respondió Cipriani con otra carta, ya que también hubo un pronunciamiento de la Conferencia Episcopal Peruana. El 29 de enero manifestaba su “sorpresa y dolor por la injusticia con la que dan por ciertos unos hechos no probados sobre mi persona”. Así, ratifica: “no he cometido ningún delito ni he abusado sexualmente de nadie ni en 1983, ni antes, ni después”. Además, precisó que la orden de limitación de “algunas facultades” la firmó ante el nuncio en el Perú pero “declarando por escrito en el mismo acto que la acusación era absolutamente falsa y que obedecería a esas disposiciones –como así he hecho– por amor a la Iglesia y por comunión con el Romano Pontífice”. Al menos no estará en el próximo cónclave y, tras su marcha de Lima, su sucesor retiró un gran cuadro de la catedral.

Cardenal Juan Luis Cipriani